lunes, 30 de junio de 2008

OBAMA

Barack Obama, sui géneris candidato a la Casa Blanca puede ser la pieza clave en la confección de la nueva hegemonía norteamericana. Sería acaso, el celofán idóneo que envolvería la futura política estratégica de EE UU encaminada a mantener el ahora frágil dominio norteamericano en aquellos rincones hostiles para la superpotencia mundial.

El "si podemos" del senador de Illinois aplicado a la arena internacional se traduciría en el nuevo dulce rostro norteamericano en su política intervencionista global. Es poco probable que si el joven senador llega al poder, las relaciones de Estados Unidos con el mundo cambien radicalmente. Puede que haya un viraje táctico en algunos planteamientos o sonrisas y reflexiones donde hasta hoy vemos armas y amenazas, pero la estrategia general seguirá su curso. Estados Unidos es la principal potencia mundial y a eso no renunciaría ningún presidente norteamericano.

Por pura lógica el gobierno de Obama se acercaría más a África, un continente olvidado y dejado a merced de dictaduras eternas, gobiernos corruptos, guerras internas y el expolio continuado de grandes empresas transnacionales. El Estados Unidos de Obama podría intervenir más en esta parte del mundo. La materia prima fundamental y los precios de los productos agrícolas suben y suben. La mano de obra del mundo entero se encarece y África simplemente espera a que la tengan en cuenta.

Por otra parte, al no pertenecer Obama al club del petróleo, como los Bush, facilitaría las relaciones de la Casa Blanca con naciones claves para Estados Unidos, léase Venezuela, Arabia Saudí e Irán. Y estas relaciones diferentes con países ahora hostiles se podrían traducir en seguridad para esta nación y el resto del mundo.

Barak Hussein Obama no es un iluminado destinado a barrer de su país los pilares de la democracia. No es un racista en campaña de revancha por los padecimientos de los negros en su nación. Al contrario, Obama podría ser el fruto de la madurez cívica alcanzada por su país, el elegido por muchos para canalizar sus propios deseos de cambios en esa sociedad nada perfecta y por ende, mejorable. Los cambios de Obama sucederían dentro de las reglas de juego de los propios Estados Unidos. No para desmontar el sistema, como quieren vender sus detractores, si para apuntalar allá donde el derrumbe es palpable.
El "yes we can" tendrá que poder con la mejora del medio ambiente, el sistema sanitario, las pensiones y las garantías sociales de EE.UU. El reto es inmenso pero necesario y, al parecer, los norteamericanos así lo demandan. ¿Podrá con ello o no?: ... eso es harina de otro costal. Si no, que le pregunten a Bush.

jueves, 12 de junio de 2008

¿HUELGA?

España se paraliza por la huelga de los transportistas, los mercados están cada vez más vacíos, las gasolineras sin el preciado líquido y los ánimos, sobre todo desde algunos medios, se cargan más y más. ¿Qué sucede? ¿Por qué la huelga? ¿Qué piden?

He tratado de entender qué sucede y mientras más leo menos entiendo. Se habla del precio del carburante como trasfondo de la huelga. "El petróleo tiene la culpa". "Sus astronómicos niveles hacen que los transportistas protesten, bloqueen las carreteras, hagan piquetes "informativos" y se plantee paralizar el país hasta que no se solucione sus "problemas"".

No sé algo me falta, si el precio de una materia prima sube, por qué no alzar el precio del servicio que ofrecemos. O sea, repercutir la subida de la materia prima en el precio de lo que vendemos. ¿Existe alguna ley que impida el alza de las tarifas a los transportistas? Si es así entonces debíamos derogar esta ley y todos estaríamos de acuerdo e incluso, iriamos a una huelga por lograrlo. Pero, desde mi ignorancia, creo que no hay en el marco legal español una ley que impida a los transportistas subir las tarifas de lo que ellos portan en sus camiones. Y si no hay impedimento legal entonces ¿qué pasa? ¿Por qué la huelga? ¿Es contra el sistema? ¿Es contra las petroleras? ¿Es contra los políticos? ¿Es contra los agricultores, los pescadores, los granjeros? ¿Es contra todos?

La economía mundial depende el precio del petróleo. A todos nos afecta de igual forma, porque existe una cadena. El precio del carburante repercute en el precio de los servicios, de los productos, de otras materias primas, de todo. Y no por eso vamos a detener el país cuando está en nuestras propias manos la solución. Si no da para vivir transportar por 10 euros el kilómetro, entonces subir los precios a 15 o a 20 euros. Lo que no se puede es pretender es que rompa el ciclo económico. Desde luego, algunos clientes se quejarán pero al final comprenderán cual es la realidad económica en la que nos encontramos.

Vivimos momentos de reajuste económico, bajan los precios de las viviendas, suben los precios del petróleo, suben los precios de los alimentos, aumenta el paro, los bancos endurecen los requisitos para otorgar préstamos. Y de todo esto hay sacar una lección: la bonanza desmesurada se acabó y por lo tanto tenemos que readaptar nuestra economía sin dejar de producir, sin desanimarnos.

Para mi la solución, de este caso concreto, pasa por subir los precios del servicio -el transporte-. No creo que sea justo empujar a la quiebra a tantas personas, dejando que la leche de miles de granjeros se pierda por las alcantarillas de Asturias, o que cientos de toneladas de frutas se pudran causando millones de euros en pérdidas a familias de agricultores, o que miles de tiendas tengan que permanecer cerradas porque carecen de género o que los pescadores no puedan salir a faenar por no tener quien transporte sus capturas. Lo fácil sería subir un poco los precios que, al final, es lo que va a pasar; con el agravante -ahora- de las pérdidas antes mencionadas y sobretodo la tragedia de la perdida de esa vida humana que no se volverá a recuperar jamás.
A lo mejor estoy equivocado.

lunes, 9 de junio de 2008

EN EL TEATRO

Ayer fui al teatro a la sala Fernán Gómez de plaza Colón a ver "El caso de la mujer asesinadita" una obra de Miguel Mihura escrita algo más de sesenta años. Es una comedia excelente que, aunque narra una tragedia -porque siempre es una tragedia querer asesinar a tu propia mujer- lo hace de forma magistral y cargada de un humor tan absurdo y sarcástico que pasas 100 minutos de risas, intriga y sobresaltos. Hace tiempo que no me divertía tanto en un teatro. Por cierto, me encantó Lorenzo -mi amigo Francesc Albiol- a quien he visto ya en tres papeles y en ninguno me recuerda a sus otros roles. Me gusta cuando le veo de marido y padre de sus pequeñas haciendo de Francesc o cuando se desdobla en aquel periodista homosexual de la serie de televisión "Herederos" o ahora que se saca de la manga a Lorenzo. Todos los actores del elenco lo hacen de maravilla pero yo me quedo con ese Lorenzo, porque Lorenzo se traga a Francesc, lo desaparece, lo difumina, lo convierte en un extraño y eso me encanta. Amigos le recomiendo esta obra y sé que la vais a pasar de lo mejor.